Caño Cristales “El río que se escapó del paraíso”
Caño Cristales, así se llama este paraíso, fue declarado Patrimonio Biológico de la Humanidad, y desde 1948, parque protegido por la ley de la República de Colombia. Es un río de cinco colores, un regalo para la vista y para Colombia. Situado en el Parque Natural Sierra de la Macarena, en el departamento del Meta.
El apelativo del “caño” es fácil de explicar. Los campesinos denominan así a los riachuelos para distinguirlos de los grandes ríos, como el Amazonas, el Gaviare, el Caquetá o el Putumayo. El Caño nace al sur de la Sierra de la Macarena y se desploma hacia el oriente, para desaparecer plácidamente en el río Guayabero.
Fue llamado “el río que se escapó del paraíso”, por Andrés Hurtado, un caminante colombiano que ha dado a conocer al planeta nuestras maravillas.No alcanza los 100 kilómetros de longitud, ni sobrepasa los 20 metros de ancho. Demasiado pequeño para llamar la atención, si no tuviera un orgullo tan grande. El cauce de Caño Cristales es rocoso, ¿Qué supone eso? Una lluvia, no necesariamente torrencial, provoca que su caudal crezca de una manera sorprendente. Y merma con la misma rapidez. El caño es una sucesión de rápidos y cascadas. Las aguas son cristalinas, permiten ver el fondo. Los pequeños pozos circulares que contiene, han sido abiertos por minerales de gran dureza. Cuando uno de estos fragmentos de minerales o rocas muy duras cae en alguna de las “marmitas de gigante” (concavidades), gira y gira, y va aumentando la profundidad y el tamaño del pozo.

El musgo, los corales y sobre todo, las algas de diferentes colores, hacen del lugar una auténtica maravilla sensorial. Amarillo, azul, verde, negro y rojo. Este último color, característico de las plantas autóctonas, corresponde a las macarenias clavígeras. Estas algas se adhieren firmemente a la roca y ni siquiera las corrientes más fuertes del río las pueden arrancar. Durante el verano las aguas se secan y las plantas rojas encuentran allí su oportunidad para multiplicarse. Así, cuando el nivel de agua está a la altura adecuada, tanto el musgo como las algas florecen con colores brillantes, dotándole al río de esa estampa única en el mundo.

Un dato curioso. No hay peces. Sus intratables cascadas no permiten que los peces suban.
El “río de los dioses” lucha cada día contra dos grandes enemigos. Uno. La devastación y el atropello de colonos y negociantes en madera que talan los árboles. Conciencia ambiental, cero. Dos. Muchos turistas invaden los rincones más encantadores y queman árboles, dejan desperdicios, cazan animales en vías de extinción… Inadmisible. La Sierra de La Macarena debería estar mejor protegida. El Ministerio del Medio Ambiente colombiano tendrá la última palabra.

Fuente: xombit.com y otros

